sábado, 27 de diciembre de 2014

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El nuevo gran desafío de Cuba



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Para Manlio Dinucci, la simple lectura del anuncio oficial de la Casa Blanca sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba demuestra que, en el fondo, nada ha cambiado: Estados Unidos sigue empeñado en destruir el Estado cubano, sólo que ahora piensa recurrir a métodos menos violentos que el terrorismo de Estado y el bloqueo económico y financiero. La próxima etapa será por consiguiente un intento de «revolución» de color.


Desde que la Revolución Cubana puso fin, en 1959, al dominio estadounidense sobre la mayor isla de las Antillas, control que había comenzado con la guerra hispano-estadounidense de 1898, Estados Unidos ha venido tratando –a lo largo más de medio siglo– de reconquistar Cuba, recurriendo para ello a todos los medios: desde la invasión hasta el terrorismo de Estado y pasando por el aislamiento y el embargo [1].

Pero la resistencia del pueblo cubano, organizado como «Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano» (Artículo 1º de la Constitución de la República de Cuba) hizo fracasar el intento. El presidente Barack Obama ha tenido que aceptar la realidad, al anunciar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y aligerando parcialmente el embargo.

Esta decisión ha recibido una acogida entusiasta entre los cubanos y entre todos aquellos que los han apoyado, porque es el resultado de la lucha que libraron a lo largo de todos estos años.

Pero al mismo tiempo estamos siendo testigos de una intensa campaña que atribuye todos los honores de la Historia al presidente Obama, como si hubiese marcado una ruptura total con la política agresiva de Estados Unidos hacia Cuba.

Una interpretación que la propia Casa Blanca se ha encargado de desmentir. Según reconoce Obama en su discurso oficial: «Décadas de aislamiento de Cuba por Estados Unidos no han logrado concretar nuestro objetivo. Hoy Cuba aún está gobernada por los Castro y el Partido Comunista.» Y agrega que, al restablecer las relaciones diplomáticas, los Estados Unidos pueden «defender nuestros valores y ayudar al pueblo cubano a que se ayude a sí mismo».

Lo cual significa que la administración Obama no renuncia a la estrategia que apunta a la destrucción del Estado cubano. Sólo modifica la manera de lograrlo. No habrá un nuevo desembarco como el de Bahía de Cochinos, efectuado en 1961, bajo la presidencia del también demócrata Kennedy, por contrarrevolucionarios cubanos entrenados y pagados por la CIA.

Lo que habrá, bajo la administración Obama, será un desembarco de organizaciones «no gubernamentales», fabricadas por la CIA y el Departamento de Estado, enviadas por Washington con «proyectos humanitarios de ayuda al pueblo cubano». El Congreso de Estados Unidos –subraya el documento oficial de la Casa Blanca– ha atribuido «importantes fondos para la programación de la democracia en Cuba, asignados para prestar asistencia humanitaria, promover los derechos humanos y las libertados fundamentales, apoyar el libre flujo de información, estimular las reformas a través de nuestros contactos de alto nivel con funcionarios cubanos». Serán financiadas especialmente «las actividades de fundaciones privados e institutos de investigación e instrucción».

Con las organizaciones «no gubernamentales» que llegarán con los bolsillos llenos de dólares, desembarcarán también las transnacionales estadounidenses que, según escribe el New York Times, están preparando una «cabeza de playa» para penetrar con sus capitales en la economía cubana, apuntando al sector de la biotecnología –muy desarrollado en Cuba–, las minas –sobre todo el níquel ya que Cuba posee una de las reservas más importantes del mundo– así como el sector hotelero y turístico, donde existe un gran potencial.

El desafío que ahora tiene ante sí el pueblo cubano consiste en conservar las conquistas de la Revolución ante la nueva ofensiva de Washington, que recurrirá a herramientas no menos peligrosas que las anteriores. La situación es hoy más favorable para Cuba ya que gran parte de Latinoamérica ha dejado de ser el «patio trasero de Estados Unidos» y Cuba, junto con Venezuela –ahora objeto de nuevas sanciones estadounidenses– y con otros países, ha dado vida a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA).

Será por lo tanto decisiva la nueva generación que, en Cuba, debe dar continuación a la Revolución haciendo fracasar el plan de Washington tendiente a la destrucción del Estado socialista en nombre de una «independencia del pueblo cubano», que conduciría a una nueva dependencia del imperialismo estadounidense.
Manlio Dinucci

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Il Manifesto (Italia)

miércoles, 10 de diciembre de 2014

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La sorprendente transformación de Podemos en medio año

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lunes, 10 de noviembre de 2014

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Burkina Faso: Del asesinato de Sankara a la contrarevolución de Compaoré


Fuente: http://canarias-semanal.org/not/14642/burkina-faso-del-asesinato-de-sankara-a-la-contrarrevolucion-de-compaore-video-/

POR JOSÉ FORTIQUE / CANARIAS-SEMANAL.ORG.- Las protestas han cedido en Uagadugú, capital de Burkina Faso, con la caída de Blaise Compaoré. No obstante, la restauración constitucional ante la mirada de la CEDEAO avanza en una negociación multifactorial, en la cual no se visualiza una ruptura con el Ancien régime. El desenlace no está claro, secuela de las fricciones por la intervención de las fuerzas armadas como tamiz ante la eventual elección presidencial, prevista en noviembre de 2015. Factores internos, la Unión Africana, Francia y los EE.UU. exhortaron a la junta militar encabezada por Isaac Zida a entregar en forma rápida el control político a los civiles; en una etapa donde comienzan a revelarse los detalles sobre la asistencia francesa en la huida de Compaoré a Costa de Marfil.

No es extraño en regímenes como el de Compaoré, virar de un ciclo dictatorial a la simulación de las democracias occidentales, obteniendo la legitimación de la antigua metrópoli y del gobierno estadounidense. Partiendo de la reforma constitucional como estrategia, logró una serie de reelecciones dudosas en alianza con sectores de la oposición, garantizándose una estadía de 27 años en la presidencia; los brotes de insubordinación acentuados desde 2011 agravaron la gobernabilidad del país. Sin embargo, para la Unión Europea se había convertido en un modelo estable en África, por cumplir con los paquetes de reestructuración económica impuestos, entregando al capital transnacional los principales depósitos de oro y manganeso.

Burkina Faso se ha convertido en una pieza clave en el dominio francés sobre el Sahel (con 25 de millones de personas en crisis alimentaria según la ONU), interviniendo en forma directa en los conflictos de Malí, Níger o Sudán. Blaise Compaoré aprovechó la desestabilización regional en África Occidental para convertirse en el hombre de confianza de las potencias neo-colonialistas.

Un breve vistazo a la participación en las crisis del Chad, República de Guinea o Costa de Marfil revela la estrecha colaboración y la hoja de ruta seguida por la élite burkinabé en base a intereses geo-económicos. El papel no se reduce a la disposición diplomática o el envío de tropas, se suma a la plataforma franco-estadounidense desplegada recientemente junto a otros gobiernos escuderos, facilitando la mampara de la operación Barján; una excusa presentada como lucha contra el terrorismo islamita que encubre la creciente militarización en África.

La rebelión popular que tomó la Plaza de la Nación de Uagadugú no puede dilucidarse como una simple oposición a la enmienda del artículo 37 de la constitución (para extender el mandado presidencial). La etiqueta de primavera africana dada por los "expertos" es desatinada al obviar las características de una nación abrumada por la pobreza extrema, la sequía y la injerencia imperial; el colapso de Compaoré no significa el fin de las desigualdades ni el renacimiento de la revolución al estilo de Sankara en agosto de 1983. Las potencias occidentales se han encargado con su exhorto de establecer condiciones hacia la restauración y la contención al movimiento popular; en una línea donde se degrada el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

El legado de Blaise Campaoré revela los retrocesos en Burkina Faso, luego de ejecutar con la anuencia de Francia el vil asesinato de Thomas Sankara en octubre de 1987. Bajo el liderazgo de Sankara, su nación se convirtió en un faro de la unidad africana. Con un verbo efusivo, invisible o autoritario para la historia eurocéntrica: denunció la ilegitimidad de la deuda externa organizando un frente continental; se negó a los lujos e impuso la austeridad a sus ministros; promovió los derechos de la mujer, enfrentando prácticas como la ablación genital; defendió a la naturaleza en grandes jornadas de reforestación; rescató a los campesinos empobrecidos por terratenientes locales o líderes tradicionales, eliminando privilegios y distribuyendo la tierra; redujo las importaciones promoviendo el uso de prendas de algodón local, suplantado en la actualidad por las variedades transgénicas de Monsanto.
En esa tierra de hombres íntegros germinó una alternativa seria al colonialismo en África, sólo resta esperar que la desmemoria no triunfe sobre la dignidad burkinabé.

jueves, 30 de octubre de 2014

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Entrevista a Willy Toledo en Eitb