sábado, 18 de junio de 2016

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Anticomunismo y prefascismo



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El anticomunismo no es algo nuevo. Existe desde que surgieron las primeras organizaciones obreras, incluso antes: desde que los primeros teóricos comunistas empezaron a difundir sus ideas.
El anticomunismo español tiene su propia historia.
El franquismo fue ante todo anticomunista. Centinela de Occidente se hacía llamar el Caudillo, por aquello de la vigilar y combatir la masonería y el comunismo internacionales.
La España heredada de Franco, primero por Suárez, luego por Felipe González vino marcada por aquél sello. El Felipe González de “hay que ser socialistas antes que marxistas”– cuyo liderazgo en un nuevo PSOE tolerado por el franquismo agonizante fue diseñado por la CIA, según cuenta Alfredo Grimaldos en su libro “Claves de la Transición”-, fue un gran anticomunista de feria. Su famosa frase “Prefiero morir apuñalado en el metro de Nueva York que de aburrimiento en las seguras calles de Moscú” era toda una declaración de principios. Luego navegaría en el Azor de Franco y diría lo de “gato blanco, gato negro, qué más da; lo importante es que cace ratones”, citando a Deng Xiaoping, para explicar su política social-liberal. Hoy es socio de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, y apoya a los guarimberos y terroristas que quieren acabar con la revolución bolivariana para favorecer sus intereses económicos en Venezuela. Un “socialista” de la catadura moral de Bettino Craxi o de Carlos Andrés Pérez.
Eran os años del “pragmatismo” en los que Alfonso Guerra era ya un precursor de la política espectáculo que proclamaba “prefiero un minuto de televisión que 10.000 militantes”. En estos días Pablo Iglesias afirma en una entrevista concedida a El País que la televisión es una “productora de sentido común, ese concepto con el que Podemos sustituye cualquier argumento político. Y aclara que su partido “no se explica sin la televisión”. ¡Vaya, como que nació en un plató! La televisión y las redes sociales, son los gran entontecedores de masas, donde algo es verdad porque sale en ellas y se repite.
Ese vaciamiento de la identidad política y la reideologización subsiguiente, a la que están siendo sometidas las clases populares, han permitido a Pablo Iglesias hacer gala de su cinismo anticomunista sin inmutarse al declarar que “Marx y Engels eran socialdemócratas”, negando de un plumazo el carácter comunista y revolucionario de ambos.
Leamos que decía  Marx de la socialdemocracia en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”:
“A las reivindicaciones sociales del proletario se les limó la punta revolucionaria y se les dio un giro democrático; a las exigencias democráticas de la pequeña burguesía se les despojó de la forma meramente política y se afiló su punta socialista. Así nació la socialdemocracia. La nueva Montaña [el partido de la pequeña burguesía], fruto de esta combinación, contenía, prescindiendo de algunos figurantes de la clase obrera y de algunos sectarios socialistas, los mismos elementos que la vieja, sólo que más fuertes en número. Pero, en el transcurso del proceso, había cambiado, con la clase que representaba. El carácter peculiar de la socialdemocracia consiste en exigir instituciones democrático-republicanas, no para abolir a la par los dos extremos, capital y trabajo asalariado, sino para atenuar su antítesis y convertirla en armonía”
Engels tampoco fue especialmente amable con la socialdemocracia en su prefacio a la edición polaca de 1892 del “Manifiesto Comunista” (1848);
“Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularlo Manifiesto Socialista. En 1847, se comprendía con el nombre de socialista a dos categorías de personas. De un lado, los partidarios de diferentes sistemas utópicos, particularmente los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, que no eran ya sino simples sectas en proceso de extinción paulatina. De otra parte, toda suerte de curanderos sociales que aspiraban a suprimir, con sus variadas panaceas y emplastos de toda suerte, las lacras sociales sin dañar en lo más mínimo al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases “instruidas”. En cambio, la parte de los obreros que, convencida de la insuficiencia de las revoluciones meramente políticas, exigía una transformación radical de la sociedad, se llamaba entonces comunista. Era un comunismo apenas elaborado, sólo instintivo, a veces un poco tosco; pero fue asaz pujante para crear dos sistemas de comunismo utópico: en Francia, el “icario”, de Cabet, y en Alemania, el de Weitling. El socialismo representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero. El socialismo era, al menos en el continente, muy respetable; el comunismo era precisamente lo contrario. Y como nosotros ya en aquel tiempo sosteníamos muy decididamente el criterio de que “la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma”, no pudimos vacilar un instante sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Y posteriormente no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella.
Que Marx y Engels estuvieran ligados al Partido Obrero Socialdemócrata Alemán (SDAP) dirigido por Wilhelm Liebknecht, uno de sus seguidores, se debe a que la orientación de este partido era entonces revolucionaria. La fusión posterior del SDAP con la secta lassalleana, adoptando el ultrarreformista Programa de Gotha, fue combatido duramente por ambos pensadores revolucionarios, que llegaron a plantearse su continuidad o no en lo que luego se llamaría SPD.
Para que se me entienda: mientras la socialdemocracia de los herederos de Lassalle, Kaustky, Berstein y demás pandilla es gradualista y reformista, no cuestiona el orden democrático burgués, ni el sistema capitalista, los comunistas buscamos la ruptura radical con el capitalismo por vía revolucionaria y planteamos que, tras la toma (no la ocupación electoral) del Estado, este debe ser destruido en su estructura burguesa para ser sustituido por un Estado de la clase trabajadora.
Tras la majadería del farsante Pablo Iglesias sobre la supuesta condición socialdemócrata de Marx y Engels para escamotear que eran comunistas (como hizo en su día el 15M con su “sin banderas”, para obligar a los comunistas a prescindir de ellas y de sus propuestas), Alberto Garzón se permitió el lujo de declararse de tal ideología. Con ello sólo quería cubrir un supuesto flanco izquierdo electoral a la coalición. Garzón, el PCE e IU, de comunista sólo tienen el nombre pues, en cuanto a definición de lo que es ser socialdemócrata, los tres cumplen al dedillo tales requisitos.
Hoy la pantalla, el vídeo de youtube o la última simpleza viralizada en twitter, son el soma desde el que se trata a la audiencia, no como público, ni siquiera como personas, sino como epsilones cuya función excluye el pensar y se centra en repetir como reflejos condicionados los eslóganes de una absurda campaña plagada de elipsis, ocultaciones y mentiras y en aplaudir a unos líderes mezquinos a la altura de un tiempo mediocre.
Es en ese contexto de desmemoria, vacío de contenidos, disimulos, engaños, cinismo y reideologización reaccionaria, donde todos corren para situarse más y más a la derecha, las 4 candidaturas principales de esta campaña vomitan su anticomunismo más repulsivo. Unos (PP, PSOE, Ciudadanos) acusando a los otros de comunistas, bolivarianos, “extremistas”. Los otros (Unidos Podemos) girando, ante cada acusación de radicales por sus tres competidores, otros 30 grados a la derecha y añadiendo una ristra de nuevos insultos a los comunistas para tranquilizar a los sectores más reaccionarios (amplios) de sus potenciales votantes y al capital, que ya le ve como su caballo de refresco:
Pablo Echenique (ex votante de Ciudadanos y partidario de la invasión de Irak en su día): “El comunismo es algo viejo, que no funcionó”
Íñigo Errejón: “Los comunistas y los socialdemócratas son especies del pasado” . Seguramente su ideología peronista, que reconoce un “hilo” común con Marine Le Pen, de “la necesidad de volver a reconstruir comunidad y sentirse parte de algo” sea algo muy moderno para él.
Owen Jones (esa especie de Errejón británico), una de las referencias europeas de Podemos: “Venezuela es un Estado horrible”
Pablo Iglesias: “Lo que temen realmente de nosotros es que somos la fuerza política de la ley, el orden y la democracia”. Ni el Clint Eastwood de Harry el Sucio se habría expresado así. Sin duda Ronald Reagan tenía frases muy parecidas. José Antonio Primo de Rivera, en el acto de la fundación de la Falange en el Teatro de la Comedia de Madrid el 29 de Octubre de 1933, proclamó: “El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas”. Así se define Podemos.
¿Se sorprenden ustedes de que la cuenta de Zaragoza en Común (marca blanca podemita) en twitter expresara su entusiasmo ante el gol de Piqué al equipo de la República Checa con un “Arriba España”? Este tuit lo borraron luego pero demostraba que en sus filas hay quienes emulan con entusiasmo patriótico a los antiguos cachorros de Fuerza Nueva, los Guerrilleros de Cristo Rey o al desaparecido diario del los “excombatientes” (de Franco, claro está) “El Alcazar”. No debe nadie extrañarse entonces de que el ultraderechista Ricardo Sáenz de Ynestrillas haya declarado ya en dos ocasiones (generales anteriores y autonómicas) haber votado a Podemos.
Escribí hace más de año y medio un texto titulado “El lado fascista de Podemos del que no hablan La Sexta, Cuatro o Público”. No decía que Podemos como partido lo fuese sino que había un significado sector fascista en su interior. Hoy ya no estoy tan seguro de esa afirmación. Ese partido de ideología involutiva, con un líder saltimbanqui que afirmó en su día ser comunista, luego bolivariano -que no es lo mismo- después socialdemócrata y que acaba de admitir que hay un sector peronista en la organización (“Yo diría que sí, que Podemos tiene rasgos peronistas. Seguramente, la lectura que hace Gramsci del Mezzogiorno italiano es algo que enseña Ernesto Laclau, padre intelectual de Errejón, a entender Argentina”) está experimentando una metamorfosis en la que las palabras “patria” y “patriotismo” son ya un clásico de su lenguaje político. No vale decir que en América Latina la expresión “patria” es muy usada por los movimientos progresistas. Allí la descolonización española fue sustituida por el imperialismo norteamericano. Reivindicar aquella es un modo de reclamar la soberanía antiimperialista de los pueblos. En Europa en cambio, sabemos muy bien lo que significaron en el siglo XX las invocaciones nacionalistas a la patria, y en España particularmente. De ahí que cobre sentido la frase de Samuel Johnson “El patriotismo es el último refugio de los canallas”, especialmente hoy cuando los fascismos europeos vuelven a invocarlo. Pero hacerse fascista no es cosa de un día. Nadie se acuesta una noche “socialdemócrata” y se levanta a la mañana siguiente diciendo “Hoy tengo ganas de invadir Polonia”. Por mucho que haya dormido toda la noche con los cascos puestos mientras suena “La Walkiria” de Wagner.
Así pues, que el director del CNI (servicios secretos españoles) afirme “Con Podemos actuaría igual que con los demás gobiernos” tampoco debe ser causa de asombro. Las cloacas del Estado burgués, como primero hicieron con Felipe González, han homologado como a uno de los suyos a Pablo Iglesias. Y es que si llevas en tus filas a un amigo de los USA, según reveló Wikileaks, el ex JUJEM con Zapatero, Julio Rodríguez, encargado de la parte española de los bombardeos a Libia, te ha bendecido en reunión el embajador del Imperio e Infovaticana informa en campaña que el Papa te recibirá en Septiembre, está claro para qué sirves, a quiénes y a qué intereses.


sábado, 30 de abril de 2016

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1º de Mayo: sobran los motivos para la lucha

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Como comunistas, nuestro deber es romper eso que llaman paz social, que no es otra cosa más que aceptación resignada de la explotación.

El constante empeoramiento de las condiciones de vida de las clases trabajadoras no es consecuencia de la corrupción de un puñado de políticos, ni de la gestión de un gobierno reaccionario, ni el resultado de un repunte de la crisis económica. Esto se llama lucha de clases.

La caída de la tasa de beneficios del capitalismo significa que van a procurar explotarnos más, disminuir la masa salarial, incrementar la jornada laboral y recortar las prestaciones sociales, es decir, eliminar formas de salario indirecto y diferido como son los servicios públicos o las pensiones. Esto tiene un efecto especialmente negativo en las mujeres de clase trabajadora, ya que, al carecer de medios para adquirir estos servicios en el mercado, hace recaer sobre ellas (sobre su trabajo impagado y no reconocido) todo el peso de la reproducción de los trabajadores y las personas dependientes. De los recortes en las pensiones también se llevan la peor parte, pues son las mujeres quienes acaparan los contratos a tiempo parcial y eventuales e incluso el empleo sumergido, que no cotiza.

La solución no vendrá de la mano de ningún candidato mediático, ni de tertulianos convertidos en tribunos de la plebe. Mientras no encuentren una oposición contundente y no se lesionen sus beneficios, tendrán vía libre para seguir esta senda.

No hay espacio ya para seguir practicando el sindicalismo de concertación y de co-gestión de las políticas económicas que venimos conociendo desde la transición. El capital ya no tiene interés en mantener un nivel de consumo elevado entre las clases trabajadoras; ese añorado Estado del Bienestar sólo se mantuvo mientras había una palpable amenaza de cambio revolucionario. Dejemos de alimentar la ilusión de que se puede recuperar.

Desde los Pactos de la Moncloa de 1977 –que imponían la pérdida de salario para conseguir la respetabilidad de nuevos actores dentro de la monarquía parlamentaria- hasta la Reforma de la Jubilación de 2011 –que alargaba la vida laboral y disminuía las pensiones -, los acuerdos firmados han supuesto cesiones sin contrapartidas visibles. Esta política de pactos sólo ha contribuido a fortalecer a determinados aparatos sindicales, lo cual es muy distinto que beneficiar al conjunto de la clase obrera.

Nuestra referencia la constituyen una serie de luchas consecuentes de la clase trabajadora: la movilización de los mineros, la resistencia de la plantilla de Coca Cola, las huelgas de los barrenderos de Madrid, de Panrico, de Movistar… Desde la firmeza, desde la unidad en la lucha, desde la conciencia de clase, estos compañeros y compañeras son la prueba visible de que es posible vencer.

Una premisa indispensable para triunfar en esta batalla es que ejerzamos nuestra solidaridad como clase con los focos de resistencia obrera. El movimiento vecinal y todos los organismos populares deben arropar a los sectores en lucha.

El movimiento obrero tampoco debe olvidar nunca que su horizonte es la consecución de una sociedad sin clases. Si carecemos de este referente político, todos los triunfos acabarán por ser victorias pírricas. Esas mejoras de orden material, que tanto esfuerzo cuesta lograr, pueden perderse en cuanto bajemos mínimamente la guardia, porque esta es la esencia del capitalismo.

La necesidad de que el movimiento obrero tenga un carácter sociopolítico y no se limite a las reivindicaciones económicas más inmediatas no se debe confundir ni con el sectarismo ni con la acción sujeta a consignas partidistas o electorales. Este carácter sociopolítico se traduce en la necesidad de enfrentarse al racismo y el imperialismo, asumir la lucha contra las discriminaciones que sufren las mujeres, enfrentar las políticas de ajuste y privatización que emanan de la Unión Europea, denunciar la creciente represión contra los movimientos populares, hacer nuestra la lucha contra los desahucios, oponerse con fuerza al TTIP (que amenaza con derribar los últimos obstáculos que ejercían las legislaciones estatales frente al liberalismo más salvaje), o denunciar la deuda que han contraído los estados como el resultado de socializar las pérdidas de los especuladores privados.

La clase obrera es la única fuerza capaz de emancipar a la sociedad. La clase obrera debe tomar el poder.

miércoles, 13 de abril de 2016

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Lecturas de iniciación al Comunismo

Un amigo me recomienda algunos libros imprescindibles, añado los enlaces para su cómodo acceso en formato PDF y EPUB.


-El Manifiesto Comunista


El Manifiesto del Partido Comunista (Manifest der Kommunistischen Partei, por su título en alemán), muchas veces llamado simplemente el Manifiesto Comunista, es uno de los tratados políticos más influyentes de la historia, fue una proclama encargada por la Liga de los Comunistas a Karl Marx y Friedrich Engels entre 1847 y 1848, y publicada por primera vez en Londres el 21 de febrero de 1848.

Las ideas que el Manifiesto expresa son las siguientes:

La historia política e intelectual de una sociedad está determinada por el modo de producción y la formación socioeconómica que se deriva de él;
Una vez aparecidas las clases sociales sobre la base de la propiedad privada y la explotación, la historia de las sociedades ha sido la historia de la lucha de las clases explotadoras y las explotadas;
En la actual sociedad moderna el proletariado es la única clase social cuya emancipación significará la emancipación de toda la humanidad mediante la revolución comunista: la abolición de la propiedad burguesa, las clases sociales y el Estado.1


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-18 Brumario de Luis Bonaparte


El golpe de Estado del 18 de brumario del siglo XVIII en Francia hace referencia al golpe de Estado dado en esa fecha del calendario republicano francés, correspondiente al 9 de noviembre de 1799 gregoriano, que acabó con el Directorio, última forma de gobierno de la Revolución francesa, e inició el Consulado con Napoleón Bonaparte como líder.

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-La Guerra Civil en Francia


El 4 de septiembre de l870, cuando los obreros de París proclamaron la República, casi instantáneamente aclamada de un extremo a otro de Francia sin una sola voz disidente, una cuadrilla de abogados arribistas, con Thiers como estadista y Trochu como general, se posesionaron del Hôtel de Ville. Por aquel entonces estaban imbuidos de una fe tan fanática en la misión de París para representar a Francia en todas las épocas de crisis históricas que, para legitimar sus títulos usurpados de gobernantes de Francia, consideraron suficiente exhibir sus credenciales vencidas de diputados por París. En nuestro segundo manifiesto sobre la pasada guerra, cinco días después del encumbramiento de estos hombres, os dijimos ya quiénes eran. Sin embargo, en la confusión provocada por la sorpresa, con los verdaderos jefes de la clase obrera encerrados todavía en las prisiones bonapartistas y los prusianos avanzando a toda marcha sobre París, la capital toleró que asumieran el Poder bajo la expresa condición de que su solo objetivo sería la defensa nacional. Ahora bien, París no podía ser defendido sin armar a su clase obrera, organizándola como una fuerza efectiva y adiestrando a sus hombres en la guerra misma. Pero París en armas era la revolución en armas. El triunfo de París sobre el agresor prusiano habría sido el triunfo del obrero francés sobre el capitaíista francés y sus parásitos dentro del Estado. En este conflicto entre el deber nacional y el interés de clase, el Gobierno de Defensa Nacional no vaciló un instante en convertirse en un gobierno de traición nacional.

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-Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844


Los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 (también llamados "Cuadernos de París") constituyen por sí mismos un primer esbozo de la teoría crítica de Karl Marx.

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-El Estado y la Revolución


El Estado y la revolución es un libro escrito por Lenin entre agosto y septiembre de 1917, mientras se encontraba en la clandestinidad en Finlandia. Es un texto fundamental, en la medida en que fue redactado entre la primera etapa (febrero) y la segunda etapa (octubre) de la revolución rusa de 1917. Por eso se ha considerado que esta obra, junto con otras del mismo período, proporciona claves para comprender la idea que tenía Lenin de lo que iba a ser y de lo que debía ser dicha revolución.

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-Antonio Gramsci ,Notas sobre Maquiavelo


Maquiavelo y Gramsci. Notas sobre la política, el Partido y el estado moderno.

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-El Imperialismo, fase superior del Capitalismo


El imperialismo, fase superior del capitalismo es un libro escrito por Vladímir Lenin en 1916.

En él, Lenin explica que la época del capitalismo de librecambio toca su fin. Acompañado por múltiples datos y estadísticas de la época, describe cómo en los países más adelantados (fundamentalmente Gran Bretaña, Alemania y los EE.UU. de entonces), la concentración de capital ha dado lugar a grandes monopolios que acaparan sectores enteros de la producción. Esta parte es continuación de las tesis de Marx en cuanto a las leyes de concentración de capital.

Los capitalistas han dejado de ser competidores anónimos dentro de un mercado desconocido y la libre competencia se ha trasformado en su contrario. La competencia en la nueva época del capitalismo, se da ahora en unas condiciones nuevas en las que solo los grandes monopolios pueden competir entre sí. El estado ha dejado de ser propiedad de toda la burguesía para pasar a estar controlado solo por los sectores monopolistas de la burguesía. El estado sirve ahora solo a los capitalistas dueños de grandes monopolios. De tal manera Lenin desarrolla el punto de vista de Marx más allá de lo que aquel pudiera haber hecho, dado que el fenómeno de los monopolios se da a partir de muy a finales del siglo XIX.


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-Razón y Revolución


Razón y Revolución tiene como objetivo demostrar aquello; analizando, como lo indica su subtítulo, la ciencia moderna a través del materialismo dialéctico.
Si bien fue un joven Karl Marx el encargado de dar los primeros pasos de esta filosofía, influenciado fundamentalmente por Hegel, y luego por Feürbach, fue el otro fundador del socialismo científico Frederich Engels, quien es su etapa más madura se encargo de escribir los mejores escritos filosóficos del marxismo. Pero: ¿qué tienen en común aquellas ideas con el nuevo desarrollo científico?. Mucho, precisamente, esa es la característica que tiene la ciencia: progreso infinito y acumulable, el materialismo histórico, como ciencia que estudia la Historia y la Sociedad ha demostrado ser altamente enriquecedor para las ciencias sociales actuales; en tanto que la filosofía marxista, es decir el materialismo dialéctico, ha sido la única postura capaz de comprender el desarrollo cognoscitivo de la ciencia. Por lo tanto el marxismo, como filosofía y parte de la ciencia está lejos de terminar con los escritos de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, al contrario, se enriquece día a día.


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martes, 5 de abril de 2016

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Vuelve el "ilusionante" juego del bucle "indignado", ahora en Francia




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http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2016/04/vuelve-el-ilusionante-juego-del-bucle.html

Por Marat

Conviene distinguir el grano de la paja. La huelga y manifestaciones del movimiento obrero francés de estos días van a ser "reconvertidas" de nuevo en "agitamanismo" de batucadas y asambleas de culo plano de los Erasmus europeos, de ninis (ni de derechas ni de izquierdas pero, al fin y al cabo, tan de derechas como le convenga al sistema que los alimenta ideológicamente), de grupos anarcoides, de trotskistas anticomunistas y por supuesto de mucho reaccionario anarcocapitalista. Y La Sexta y Público nos lo contarán en directo e iluminarán la “Nuit Debout”.

Los medios de desinformación del capital y casi todos los "alternativos", que cada día se parecen más al primero, ya han hecho su apuesta y han bautizado a una protesta, que inicialmente fue obrera y de clase, como el 15M francés o la de los "indignados". Pronto aparecerán caretas del andrógino Guy Fawkes portadas por cibernéticos anonymous jugando al superhéroe. Me pregunto cómo se llamarán a sí mismos los yayoflautas. Ignoro si el idioma francés será capaz de producir un término tan poco autobenevolente.

El gran problema que hace esto posible es que la "izquierda" se ha reconvertido hace ya muchos años en pesebrera del capital, repartidora de sus migajas y, cuando han venido mal dadas y ya no hay nada que repartir, acude a las tonterías reaccionarias de pedir democracia (como si la auténtica, la social y económica fuese compatible con el capitalismo), "otra UE" (como si pudiera haber otra que no sea del capital) y se ha echado en brazos de horizontalidades disolventes, de debates en bucle, de asambleísmos en el que el primero que pasa por allí suelta su "genialidad" y cree estar haciendo historia y de inclusivismo, mucho inclusivismo, en el que el desclasado joven trabajador o universitario sobradamente preparado, y convencido, de que él merece un puesto social por encima del obtenido por la media, cree que comparte objetivos de lucha con el hijo de su patrón que echará una canita política al aire y quizá encuentre trabajo de diputado en la próxima Asamblea Nacional francesa.

Esta disidencia fabricada y controlada por el mismo sistema que la alimenta ideológicamente, que nutre a sus "no líderes" de medios, dinero y becas a través de fundaciones globalistas, volverá a retrasar el reloj de la historia, a impedir que surjan alternativas revolucionarias, de clase, que se reorganice el movimiento obrero bajo un proyecto de lucha por el socialismo, que nada tiene que ver ni con los partidos socialistas ni con los ex comunistas de facto, sino con un horizonte de revolución social y dictadura del proletariado.

Si les sale medio bien en Francia, montarán otro Mayo, éste aún más pequeñoburgués, invitarán a hablarles en sus asambleas cumbayá a Varoufakis y su Plan B para Europa para que les cuente sus bonitas "utopías" de capitalismo de rostro humano, al estilo del que le gustaba al fallecido "revolucionario de salón" y pro-OTAN Stéphane Hessel, o quizás al antimarxista de moda Piketty o incluso a las alcaldesas del cambiazo. De paso, si les es posible, suministrarán un poquito de oxígeno para dar algo de color a los también fenecidos Democracia "Real" Ya y 15M españoles, que quizá acierten a experimentar un breve fuego fatuo, y continuarán reideologizando en clave de desclasamiento y anticomunismo a Europa.

El capital necesita, en un momento en el que vuelve la crisis con toda su fuerza sobre el mundo capitalista y sobre Europa en particular, ganar tiempo, llenar el escenario de las calles con falsas banderas, no sea que comenzasen a rearticularse otro tipo tipo de proyectos y propuestas con el tiempo más peligrosas y llenasen ese hueco. No se puede dejar solos a quienes gustan de sentirse rebaño.

Y mientras tanto, el capital seguirá engordando su auténtica operación de recambio, el fascismo, que aún necesita tiempo para continuar creciendo y poder montar más asambleas en las plazas pero ya al estilo Maidán, ese que tanto le gusta al podemita y supuesto filósofo de saldo Santiago Alba Rico, el que dice que la OTAN estos años no ha sido particularmente agresiva.

A otros sólo nos queda continuar trabajando silenciosamente en reorganizarnos y en reconstruir la subjetividad de clase del nosotros destruida durante los largos años de consumo a crédito y los posteriores de crisis con “ilusión democrática”.

Por cierto, ya que les hablaba de las fundaciones globalistas del capital, aquí les dejo un ejemplo de cómo un sicario del megaespeculador y tiburón financiero George Soros (aquí anda una página difusora del Nuit Debout difundiendo el puño de OTPOR:Soros de nuevo)(y de sus juguetes OeNeGeros muestra todo su apoyo a su partido Podemos.



El mortecino círculo Erasmus-podemita francés, alicaído tras las últimas crisis de amor de la dirección española vuelve a activarse en La Galia. Será cosa del "desbordamiento" del que tanto gustan hablar el ex vicediós y sus mariachis.

Quizá estén pensando en montar algo parecido allí. ¿Alguna televisión francesa para ello? El diario Mediapart del trotskista Edwy Plenel, un medio socio de Infolibre, podría hacer el papel de Público, del que también es dueño otro trotsko. Y de paso contar con el NPA para ser la columna vertebral inicial del nuevo partido-movimiento, como aquí lo fue Izquierda Anticapitalista respecto a Podemos. ¡Cuántas similitudes y cuánto iluso que no sólo no las huele sino que volverá a reilusionarse y a sacar del armario el kit de héroe “indignado” de clase media real o autoatribuida!
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jueves, 3 de marzo de 2016

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Los estadounidenses que alzaban el puño: la Brigada Abraham Lincoln


Fotografia de voluntaris de la Brigada Lincoln. Font: vozpopuli.com
Fotografia de voluntaris de la Brigada Lincoln. Font: vozpopuli.com

Los estadounidenses que alzaban el puño: la Brigada Abraham Lincoln

Un reportaje de Jordi Peralta y Borja Salvador
 “Comunistas, socialistas, anarquistas, republicanos, hombres de distinto color, de ideología diferente, de religiones antagónicas, pero amando todos ellos profundamente la libertad y la justicia, vinieron a ofrecerse a nosotros, incondicionalmente. Nos lo daban todo, su juventud o su madurez; su ciencia o su experiencia; su sangre y su vida; sus esperanzas y sus anhelos…Y nada nos pedían. Es decir, sí: querían un puesto en la lucha, anhelaban el honor de morir por nosotros.”
Barcelona, 1 de noviembre de 1938. La líder comunista Dolores Ibárruri, más conocida como “La Pasionaria”, pronuncia estas emotivas palabras ante una multitud de simpatizantes de la causa revolucionaria. Más allá de ser una triste despedida, se trata de un merecido reconocimiento, un justo homenaje a un grupo de gente procedente de distintas naciones que habían acudido a España a luchar por una causa común: la derrota del fascismo. Son ni más ni menos que las célebres Brigadas Internacionales.

Contexto: la Guerra Civil Española y el escaso apoyo internacional de la República

Para comprender este fenómeno en su profundidad debemos situar los acontecimientos anteriores: el 17 de julio de 1936, el general Francisco Franco inicia una sublevación militar contra el legítimo gobierno de la II República Española, inspirado por el nacionalcatolicismo y por el más ferviente anticomunismo. El fracaso del golpe de Estado da lugar a una guerra civil que divide España entre franquistas y antifascistas; mientras tanto, y paralelamente al desarrollo del conflicto bélico, en algunas partes del país, especialmente en Catalunya, estalla una revolución social y el pueblo trabajador ve la oportunidad de lograr su empoderamiento completo.
 Cartell a favor de les Brigades Internacionals, de Font: unidadcivicaporlarepublica.es

Cartell a favor de les Brigades Internacionals, de Font: unidadcivicaporlarepublica.es
¿Qué reacciones generan estos hechos en la esfera internacional? La Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler no dudan en apoyar de inmediato la causa franquista, a la vez que la Unión Soviética y, más simbólicamente, el México de Lázaro Cárdenas se posicionan al lado de la República. Francia y Gran Bretaña optan por abandonar a los republicanos a su suerte mediante el establecimiento del llamado Comité de No Intervención. Pese a contar con la ayuda soviética, la República se halla en una situación delicada a nivel diplomático y a nivel militar. En este contexto entran en juego las Brigadas Internacionales, unidades militares integradas por combatientes de distintos países que, aunque impulsadas oficialmente por el Comintern el 18 de septiembre de 1936 y organizadas y formadas principalmente por los partidos comunistas de España y de Francia, lograron la adhesión voluntaria de miles de personas de diversa índole ideológica dispuestas a dar la vida en la lucha contra el nazifascismo. El socialista Largo Caballero, al principio reticente a su entrada en combate, comprendió la gravedad de la situación y las aceptó para acabar integrándolas en las filas del Ejército Popular Republicano. Aquí empieza la historia del Batallón Abraham Lincoln, más conocido popularmente como la Brigada Abraham Lincoln.

Los inicios: del activismo anticapitalista a la movilización militar

“Lo que había en España era un gobierno elegido legalmente, democráticamente, luchando contra un grupo de generales rebeldes y reaccionarios que deseaban impedir la democracia y la reforma social. Lo que había allá era una República a la que las «democracias» occidentales impidieron la adquisición de armamento para defenderse, mientras que los gobiernos de Hitler y de Mussolini despachaban aceleradamente hombres y material a sus enemigos. Es comprensible, entonces, que la lucha de la República española por sobrevivir viniera a simbolizar la defensa de todo lo que se consideraba bueno, justo y decente en la tradición occidental contra la embestida violenta del barbarismo y la maldad.”
 Así relataba Robert Rosenstone, cronista de la Brigada Lincoln, qué había motivado a los voluntarios a viajar a España. ¿Pero dónde ahondan las raíces de ese fuerte sentimiento de solidaridad internacionalista? En los años treinta, unos Estados Unidos que todavía sufren los estragos del crack de 1929 viven un período de agitación obrera y sindical. Esta etapa, coincidente con la implementación del New Deal de Rossevelt –políticas intervencionistas destinadas a favorecer la recuperación económica–, se concreta en una oleada de huelgas que afectan, entre otras, la Electric Auto-Lite Company y la Chevrolet. Al calor de estas luchas surge, en 1936, el Congress for Industrial Organizations, donde el Partido Comunista de los Estados Unidos (CPUSA) tiene un gran peso. Esta formación, que está viviendo un período dorado, no dudará en solidarizarse con la República Española cuando estalle la sublevación militar y en organizar el Batallón Abraham Lincoln, caracterizado por ser una brigada mayormente de hombres blancos; eso sí, a las órdenes del Comandante Oliver Law, el primer afroamericano en la historia de los Estados Unidos que dirigía una unidad militar. Y no solamente eso: por primera vez en la historia de un ejército occidental, los altos cargos eran personas negras.
Los primeros brigadistas internacionales provenientes de EE.UU., que llegarán a sumar casi 3.000 hombres, zarpan en diciembre de 1936 y llegan al Estado español al mes siguiente para recibir su primer entrenamiento militar. Instalan su base operativa en Figueres, Girona, y pasan a formar parte de la XV Brigada Internacional, donde también combaten británicos, irlandeses y canadienses.

El bautizo de fuego: el Valle del Jarama

En el Valle del Jarama se produce la primera acción militar donde entran en combate –y se dan a conocer- los miembros de la Brigada Abraham Lincoln (recordar que existe una canción republicana de la época titulada “Jarama’s Valley”, muy célebre entre los círculos izquierdistas norteamericanos).
“Jarama Valley”, interpretada por el cantautor Pete Seeger:
¿Qué motiva el choque de tropas facciosas y brigadistas internacionales en el Valle del Jarama? El paso de la principal carretera que conecta Madrid con Valencia. Para el bando republicano era muy importante mantener la línea comunicativa para evitar que, al tomarla los fascistas, Madrid no quedara aislado e incomunicado con Valencia. El Valle del Jarama, por desgracia, se caracterizó por ser un “bautismo sangriento” para los brigadistas estadounidenses, ya que eran milicianos que nunca antes habían estado en una guerra, lo cual provocó que su inexperiencia – y la falta de armamento y munición– se saldara con un baño de sangre. Las primeras quejas no se hicieron esperar: los brigadistas norteamericanos no tardaron en reclamar más artillería, armamento antitanque y apoyo aéreo; en caso contrario cada día en el Valle del Jarama sería una nueva masacre. Aun así, a sabiendas de que la República española no tenía suficiente armamento ni comida para todos, siguieron luchando y resistiendo al fascismo, pues sabían muy bien por lo que luchaban y estaban dispuestos a dar, con fe y valor, su vida por una causa política.
Cabe destacar que los brigadistas norteamericanos también tuvieron un papel fundamental en el Frente de Aragón; concretamente, en la lucha por la toma de la localidad de Belchite. Aquella batalla fue un verdadero matadero: 1200 brigadistas internacionales enfrentados con escasa munición y armamento a 2000 franquistas bien parapetados por tropas nazis.

Algunos nombres propios

La moral del batallón norteamericano estaba por los suelos al no tener casi ningún tipo de apoyo militar y perder batalla tras batalla, pero la lucha por la libertad les hacía mantener su fusil en alto contra los rebeldes facciosos. De entre esos estadounidenses que no dudaban a plantar cara a los fascistas merecen mención algunos nombres, ya sea por su valentía o por su fiel compromiso. Un buen ejemplo sería Robert Hale Merriman, economista de la Universidad de California que llegó a ostentar el rango de Jefe del Estado Mayor de la XV Brigada. Probablemente caído en Gandesa el 2 de abril de 1938, su figura inspiró el personaje de Robert Jordan en la obra de Ernest Hemingway For Whom the Bell Tolls (“Por quién doblan las campanas”), que transcurre precisamente en la Guerra Civil Española. Aunque el célebre escritor no llegó a combatir, cubrió el conflicto bélico como periodista y ello le marcó enormemente.
Otro nombre que merece ser recordado es el de Milton Wolff, judío neoyorquino que se afilió al CPUSA durante los años de la Gran Depresión. Aunque en un principio se consideraba pacifista y solamente colaboraba con los servicios sanitarios, las enormes pérdidas humanas que estaban sufriendo los voluntarios norteamericanos lo llevaron a coger el fusil. Sobrevivió varios días tras las líneas enemigas durante la Batalla del Ebro y fue nombrado comandante tras la caída de Merriman. Tras la Guerra Civil, combatió en la Segunda Guerra Mundial contra los nazis y participó en campañas de solidaridad con los sandinistas y contra el apartheid sudafricano. Famosas resultaron sus palabras en defensa de sus camaradas brigadistas durante el mccarthismo: “Soy judío, y sabiendo que como judíos fuimos los primeros en sufrir el fascismo me fui a España a luchar”.
Los afroamericanos también jugaron un rol importante en el seno de la Brigada Lincoln.A parte del ya citado Oliver Law, militante del CPUSA caído el 10 de julio de 1937 en el transcurso de la batalla de Brunete, debemos destacar el nombre de James Yates, originario del sur estadounidense. Asignado a tareas de transporte, cayó enfermo y regresó a su tierra. Participó en la Segunda Guerra Mundial y publicó una interesante autobiografía, From Mississippi to Madrid. Memoirs of a black american in the Spanish Civil War.
Oliver Law, primer comandant afroamericà de la Brigada Lincoln, de l'arxiu de la Brigada Font: alba-valb.org
Oliver Law, primer comandant afroamericà de la Brigada Lincoln, de l’arxiu de la Brigada Font: alba-valb.org
Otros combatientes a citar es Alonzo Watson, de primer negro estadounidense caído en combate, y James Peck, natural de Pennsylvania y que sirvió como piloto en la Fuerza Aérea Republicana. Hay casos curiosos como el de Frank Edward Alexander, mulato nacido y criado en la reserva indígena Sioux de Omaha en Nebraska. Tras la Guerra Civil huyó con los exiliados republicanos al sur de Francia, donde pasó un tiempo confinado en un campo de concentración. Durante el mccarthismo pasó una temporada en prisión por su militancia comunista.
Pese a despertar la curiosidad de la población local, poco acostumbrada a ver hombres negros, la mayoría de los brigadistas afroamericanos destacan la cálida acogida que recibieron por parte del pueblo español.

El amargo regreso: represión y olvido

El día que los brigadistas tuvieron que volver a la tierra que les vio nacer, no fueron recibidos precisamente como héroes: las autoridades yanquis los persiguieron y tacharon de criminales y elementos subversivos por haber contravenido  la política estadounidense.  A parte del duro golpe que resultó para ellos la derrota republicana, los combatientes deberían enfrentarse a un sinfín de dificultades relacionadas con su compromiso revolucionario y, en la mayor parte de los casos, con su militancia comunista.
Así pues, en 1947 el gobierno norteamericano (su departamento de justicia) organizó una lista de organizaciones subversivas la Brigada Abraham Lincoln figuraba en ella. La doctrina de persecución anticomunista, a menudo paranoica, conocida como “mccarthismo” (llamada así por ser el senador Joseph McCarthy, quien la impulsó) se cebó con ellos: a muchos brigadistas se les citó en los comités de actividades antiamericanas que creó el gobierno estadounidense para reprimir cualquier tipo de actividad comunista. Muchos fueron encarcelados al no querer “cooperar” con la administración estadounidense; las penas que imponía el Mccarthismo eran de hasta 20 años de prisión. El palo más duro fue para el Partido Comunista, que se vio desarticulado por la entrada en prisión de toda su cúpula. En la era del Mccarthismo cualquier persona progresista o con ideas un poco de izquierdas ya era tildado de comunista, y las consecuencias eran siempre las mismas: pérdida del trabajo, retiro del pasaporte y cárcel.
Peor castigo fue, tal vez, el olvido y el exilio interior al que fueron condenados muchos de los brigadistas, lo cual no ha impedido que se hayan celebrado varios homenajes y tengan varios monumentos a lo largo y ancho de Estados Unidos.
De los Estados Unidos de América, de ese país cuya característica principal ha sido –y es- su fuerte anticomunismo, surgieron esos hombres valerosos, negros, blancos y hasta sioux, que alzaron el puño contra la reacción facciosa que amenazaba España. La Brigada Abraham Lincoln y sus voluntarios significaron el compromiso sin fin, la lucha eterna por la justicia social y la libertad. Costara lo que costara. Sin duda estas gentes, venidas del otro lado del ‘charco’ fueron –y son- un ejemplo de dignidad, de compromiso, de valentía y de solidaridad, es decir, de lo mejor que puede ofrecer la humanidad.